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El sufrimiento empieza pronto en la vida de las gallinas ponedoras. Los polluelos recién incubados son divididos en machos y hembras por un “sexador de pollos”. Puesto que los machos no tienen valor comercial, se descartan. Algunas compañías gasean a los pequeños polluelos, pero es mas frecuente que se les arroje vivos a un saco de plástico donde acaban asfixiados por el peso de los otros polluelos que caen encima de ellos. Otros son molidos vivos, para ser convertidos en piensos para sus hermanas. La vida de las hembras es más larga, pero como veremos, es casi preferible el destino de sus hermanos, que la miserable “vida” que las espera.
En su estado natural, las gallinas se pasan el día correteando, picoteando y escarbando en el suelo en busca de comida, dándose baños de tierra y construyendo nidos para la puesta. Los productores de huevos guardan a las ponedoras en jaulas, estas se denominan jaulas en batería, donde permanecerán el resto de sus días. En estas naves puede haber de 20.000 a 100.000 (o incluso más) gallinas ponedoras. Las jaulas se amontonan unas sobre otras en varios pisos. Unas cinco gallinas son apiñadas en una jaula de apenas un cuarto de metro cuadrado. |
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Las gallinas en baterías, condenadas a la inmovilidad y la frustración, sin espacio para estirar siquiera las alas y con el roce constante con el metal, las llagas van sustituyendo a las plumas. Los suelos y paredes son de alambre, para facilitar la caída de excrementos, a las gallinas de los pisos inferiores, les caen los excrementos de sus compañeras de los pisos superiores. Las jaulas tienen una pequeña inclinación a fin de que los huevos rueden hacia la parte delantera y puedan ser recogidos con facilidad, las gallinas tienen así una mayor dificultad de movimiento. Son incapaces de mantenerse cómodamente en pie o en posición de descanso, incluso si una o dos estuvieran a gusto con sus posturas, no podrían mantenerlas porque mientras las demás se están moviendo, ellas también deben hacerlo.
En la mayoría de las jaulas hay un ave –quizás más de una en las jaulas grandes- que ya no se puede esforzar por evitar que las demás la empujen a un lado o la pisoteen, no les queda otra solución más que acurrucarse en un rincón, donde sus compañeras las atropellarán al intentar llegar al comedero o al bebedero.. Privadas de espacio, suelo y privacidad, las gallinas desarrollan gran estrés, aburrimiento y agresividad, llegando a picarse las unas a las otras. Para evitar esto, lxs granjerxs les amputan el pico, una parte extremadamente sensible de las aves, lo que las produce dolores crónicos y trastoca todo su comportamiento natural. Durante su corta y hacinada vida son pasto de las enfermedades respiratorias, tumorales y de los parásitos, lo que se trata de atemperar introduciendo fármacos en sus comidas. Las gallinas, como los humanos en los campos de concentración, se aferran tenazmente a la vida aún en las condiciones más miserables y siguen poniendo huevos, ya que es una función corporal, como la ovulación en la mujer. Pese a ello, es bastante común que una granja productora de huevos mueran entre un 10 y un 15% de las gallinas.
Cuando al cabo de aproximadamente 15 meses han quedado exhaustas y ya no ponen más huevos, se las envía al matadero y son sustituidas por otras gallinas más jóvenes. La avicultura abarca, además de las gallinas, a otras aves galliformes, como los pavos, los faisanes, codornices, patos, gansos. Horrores similares a los ya descritos se practican también en la estabulación abusiva de esas aves.
Ahora hay una nueva moda de criar animales “exóticos” en ganadería intensiva, como a los avestruces, nacidas para correr a gran velocidad por la estepa africana. También hay otros muchos animales que se crían en granjas factoría, como los peces que en algunos casos se crían en tanques minúsculos y en condiciones similares a la cría de animales terrestres o a los visones que tienen que soportar iguales condiciones que las gallinas en baterías.
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